Es casi imposible afirmar, simbólicamente hablando, que el Río Magdalena tenga una sola novia, pues por aquella fama de marineros bien podría tener una en cada puerto, en cada orilla. Pero estuve de visita en Ambalema, región del departamento del Tolima y puedo asegurar que esta localidad colonial es una de sus consentidas.
"El río está seco" comentaban alguno residentes a mi paso por el parque principal del pueblo. Un parque muy hermoso en sus bordes pero poco verde en sus adentros. Cuando el césped allí de nuevo crezca y el aseo del lugar sea más sincero, de seguro tendrá un encanto mayor que el actual.
Me dio la bienvenida un calor extraordinario. No obstante lo que de inmediato llamó mi atención fueron las casas de la región. Columnas de madera, pasillos por lo que aún parece que la historia camina. Techos bien elaborados en tejas de barro y fachadas del mismo material pintadas de blanco. Hogares muy amplios por dentro con jardines y solares enormes. Una paz agradable brinda aquel paisaje urbano, un encuentro con la parte buena de aquel ayer colonial, una calma que logra interrumpir bruscamente el acelerar de las motos que como zancudos en laguna circulan por el lugar. Nada que hacer al respecto. Las motocicletas han desplazado al caballo y son el modo de transporte básico en la ciudad como el campo.
Los ambalemunos tienen una fuente económica que al parecer aún no saben con firmeza como aprovechar. Y es el ecoturismo. Su encanto turístico sin duda puede llegar más allá de cruzar en lancha o en planchón las corrientes del Magdalena y llegar a través de la corta navegación a la orilla también simpática del departamento de Cundinamarca. No hay un sistema de guía oficial para recorrer los puntos llamativos de la artesanal ciudad, eso mismo dicen hasta los mismos hosteleros. Así que quizá te toqué por tu cuenta o pagarle a alguno de los chicos que te dan la bienvenida al llegar al malecón.
Me quedé una noche en un hostal de aspecto criollo. Me encantó a primera vista, pero a segunda casí salgo corriendo del lugar al amanecer. Me atrapó la fachada de aquel escenario, su patio enorme y un pequeño museo de electrodomésticos antiguos. Pero los anfitriones poco o nada hacen para que el huésped soporte en su dormir, de la mejor manera posible, las altas temperaturas. No hubo ni chicha ni limonada, ni en jarra ni en botella y el ventilador parecía boca de dragón, generando un viento seco que aumentaba el calor. Tuve que empapar a las 2:00 am. la sabana en agua y arroparme luego con ella, un truco de supervivencia que aprendí cuando Boy Scout fui. Me faltó buscar más, pues al otro día me di cuenta de un acogedor hotel con aire acondicionado y mejor atención, y desayuné también en una casa, con una cocina deliciosa y que ofrecía un hospedaje un poco más fresco. Por ahorrame unos pesos, salí sudando y con sueño. En fin, gajes del viajero.
Es notable la desunión entre el gremio de restaurentes y hospedaje. La falta de un plan turístico concreto y equitativo por parte de la autoridad local los tiene compitiendo casi que egoístamente. No obstante, es de aplaudir que muchos de estos negocios se esmeran por prestar un buen servicio. Si hubiese una estrategia en conjunto se darían cuenta que Ambalema da para todo y hasta más.
Si el asunto es el de tener un fin de semana nocturno tranquilo, Ambalema no es la opción. A no ser que uno no salga del hostal que eligió. El parque es el punto de encuentro de casi todo el pueblo. Y a tal lugar, vueltas y vueltas las personas le dan, una y otra vez sin parar, en moto o a pie como cual carrusel sin final. El plan es divertido para la gente del municipio pero para el turista que quiere escapar del estrés de la gran ciudad…. ¡Hummm!
En fin, nada que no equilibre una oración a Santa Lucia, la Reina de aquel hermoso pueblo colonial "con esos ojos tan lindos con la belleza se puede comparar, como reza el himno de la localidad.
… Y por su puesto, no debe faltar el saludo al Río Magdalena. Cruzar sus aguas y bendecir su grandeza. Darle gracia por el turismo y la pesca que permite su existencia, aunque muchos digan que su caudal se seca, el río todavía tiene una imponente vida que admirar.
Visita Ambalema cuando puedas. Pese a ciertas deficiencias, te va a gustar la novia consentida del Magdalena.
Con afecto:
Javier Suárez/ Susurro
Periodista ecoespiritual independiente.
PD: Ver nota anexa:
En Ambalema, Tolima….
Los pies que necesitan de tu corazón
























































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